Colonia Caesar Augusta
La Roma imperial

Mosaico
Agusto

La Ciudad de Augusto. Zaragoza

Las derrotas de Quinto Sertorio en Nauloco (36 a.n.e.) y de Marco Antonio en Actio (31 a.n.e.) permitieron a Augusto acabar con todos sus rivales y concentrar el poder necesario para iniciar un ambicioso plan de reformas que cambiarían radicalmente la naturaleza del Estado romano.

Uno de los aspectos más destacados de esa novedosa política fue la reorganización de los territorios bajo control de Roma que se concretó, entre otras medidas, en la fundación de un buen número de ciudades. De todas ellas, solo una recibió el mismo nombre del princeps, sin ningún apelativo complementario: la colonia Caesar Augusta, fundada hacia el año 15 a.n.e. con veteranos de las legiones IIII Macedonica, VI Victrix y X Gemina, que habían combatido en las Guerras Cántabras.

El nombre reflejaba de manera explícita la especial conexión de la ciudad con Augusto, algo que confirman las monedas acuñadas en la ceca cesaraugustana, en las que se reproducen con asiduidad los retratos de distintos miembros de la familia imperial, así como la concesión del título de duóviro —equivalente a nuestros alcaldes— a Germánico y sus hijos: Druso, Nerón y el futuro emperador Calígula.

La ciudad ejerció como capital del convento jurídico cesaraugustano, una de las subdivisiones administrativas más extensas de la provincia Hispania Citerior Tarraconense, lo que, sumado a su estratégica situación, en el centro del valle del Ebro, le permitió disfrutar de un rápido desarrollo que se materializó en la erección de distintos edificios públicos de carácter monumental, como el foro y el teatro, así como de lujosas viviendas destinadas a alojar a las familias de la pujante aristocracia local, descendientes de los antiguos colonos, que hacían ostentación de su bienestar económico mediante costosas obras de arte como delicadas esculturas de mármol o ricos pavimentos de mosaico que, poco a poco, la arqueología urbana ha ido sacando a la luz.

El éxito de la ciudad fundada por Augusto se prolongó mucho más allá del final de la Antigüedad. Fue sede episcopal en época visigoda, luego, tras la conquista islámica, capital de la Marca Superior y de Taifa independiente, para convertirse, por fin, en el año 1118 en la capital del Reino de Aragón.

 

Borja Díaz Ariño, Catedrático del Departamento de Ciencias de la Antigüedad, Universidad de Zaragoza