La Expo de 2008
Un legado vivo
Un legado vivo


Zaragoza
Uno de los espacios que dejó una huella indeleble en la memoria colectiva de los zaragozanos y visitantes fue el escenario de la Exposición Internacional Zaragoza 2008. Este evento no solo transformó su entorno inmediato, sino que también reconfiguró el paisaje urbano de la ciudad, revitalizando las riberas del Ebro y permitiendo que Zaragoza, tras décadas de olvido, volviera a volcarse hacia su río. Bajo el lema “abrir la ciudad al Ebro”, el meandro de Ranillas se metamorfoseó en un dinámico parque metropolitano, donde los pabellones internacionales fueron reconvertidos en un parque empresarial y un nuevo polo cultural y de ocio. Este legado de la Expo fue tan profundo como significativo, materializándose en la creación del mayor espacio público de la ciudad y en un parque lineal que recorre las riberas del Ebro a lo largo de su tramo urbano.
El Parque del Agua, concebido como un vasto pulmón verde en complemento al recinto de la Expo, se erige hoy como la joya y la columna vertebral de la infraestructura verde de Zaragoza, un lugar de encuentro y esparcimiento que articula la vida urbana con la naturaleza. Sin embargo, este valioso patrimonio natural y cultural se encuentra ahora en riesgo, amenazado por la falta de atención y mantenimiento adecuado. Es imprescindible que las autoridades competentes actúen con urgencia para preservar este lugar de memoria, garantizando su conservación y disfrute por parte de las generaciones presentes y futuras. Solo así podrá seguir siendo un símbolo de la transformación urbana y del renacer de Zaragoza junto a su río.
Javier Monclús, Catedrático Emérito de Urbanismo de la Universidad de Zaragoza