Patrimonio Epigráfico 

Bronce de Botorrita

Las tierras que hoy conforman Aragón cuentan con un patrimonio epigráfico de gran riqueza pese a las limitaciones que la falta de piedra de calidad en las comarcas ribereñas del Ebro impone a la conservación de los materiales pétreos, sometidos a un elevado índice de reutilización, amortización y pérdida: eso explica, por ejemplo, que pese al estratégico rol desarrollado por colonia Caesar Augusta durante el Principado, el catálogo de inscripciones romanas sobre piedra conservadas en Zaragoza sea raquítico. Ello se ve compensado por una importante serie de bronces antiguos tanto en lengua celtibérica como en latín que conforman uno de los conjuntos más importantes del occidente romano y que convierten al Museo de Zaragoza, que los alberga, en un referente internacional en esta materia. Entre ellos destacan los bronces celtibéricos de gran formato procedentes de la antigua Contrebia Belaisca (Botorrita) que conforman uno de los conjuntos escritos más ricos léxica y sintácticamente de la Céltica antigua, a los que hay que agregar el más recientemente descubierto fragmento procedente de Novallas. Siempre en la Celtiberia, hay que destacar los grafitos rupestres de Peñalba (Villastar) que desempeñaron un papel crucial en la identificación por vez primera de la existencia de una lengua céltica en Hispania. Varias inscripciones ibéricas, incluidas las estelas de piedra decoradas del Bajo Aragón y la riquísima colección de grafitos sobre cerámica de Azaila, y un buen número de nombres euscáricos en la comarca de las Cinco Villas convierten a la región en un auténtico trifinio cultural en el que convergían las tres principales áreas lingüísticas del nordeste peninsular. Entre los epígrafes romanos destacan bronces como la Tabula Contrebiensis (Botorrita) del año 87 a. E., con el pleito de aguas más antiguo de Hispania, y la llamada Lex riui Hiberiensis (Agón), documento único sobre el funcionamiento de una comunidad de regantes. Hay que subrayar, además, entre muchos otros, los importantes conjuntos pétreos exhumados en Labitolosa (La Puebla de Castro) y Los Bañales (Uncastillo) con pedestales dedicados a la casa imperial y a las élites locales.

Pese a estar menos sistemáticamente estudiado, Aragón cuenta además con un destacado conjunto de epígrafes medievales y modernos. Los redactados en hebreo y árabe se han conservado mal, pese al papel central de la escritura expuesta en el mundo islámico, por razones de ruptura cultural o de la escasa durabilidad de los soportes como se puede comprobar en las yeserías de la Aljafería zaragozana. Los medievales cristianos se asocian en buena medida al ámbito eclesiástico, convertido desde la alta Edad Media en espacio de enterramiento, con conjuntos tan espectaculares como los dos centenares de epitafios de clérigos de la catedral de Roda de Isábena, que se prolongan hasta la Edad Moderna con ejemplos tan destacados como el de Gabriel Zaporta de La Seo zaragozana o la recientemente exhumada lápida de Pedro Cerbuna en Santa María la Mayor de Calatayud. Relevantes también son inscripciones constructivas como las producidos por los Reyes Católicos en el llamado Salón del Trono de la Aljafería o en la Lonja zaragozanas, de letra tradicional pero contenidos renacentistas, o bien la epigrafía efímera ligada a celebraciones que se realizaba sobre soportes no duraderos.