Historia Antigua

Clío

Aragón carecía en la Antigüedad de una identidad unitaria. Al contrario, a comienzos del siglo II a.n.e., era un territorio de frontera caracterizado por la heterogeneidad lingüística y cultural. Su mitad oriental estaba ocupada por poblaciones de lengua ibérica, al oeste y al sur se extendían los celtíberos, mientras que, en el extremo noroccidental, estaban los vascones, cuya adscripción lingüística plantea todavía interrogantes. En el momento de su contacto con Roma, estos pueblos carecían de unidad política y se articulaban en incipientes ciudades-estado independientes.

Tras la conquista, Roma procedió a una profunda reorganización, iniciando una intensa política de fundación de ciudades que se prolongó hasta el reinado de Augusto. En época imperial todo el territorio quedó englobado en el Convento Jurídico Caesargustano con capital en Caesar Augusta (Zaragoza), una de las siete subdivisiones administrativas de la provincia Hispania Citerior, cuya capital era Tarraco (Tarragona).

El siglo I d.n.e. fue un periodo de paz, estabilidad política, desarrollo económico y florecimiento cultural, con personalidades de la relevancia del poeta Marco Valerio Marcial, nacido de Bilbilis (Calatayud) o el retor Marco Fabio Quintiliano, oriundo de la vecina Calagurris (Calahorra, La Rioja), que desarrollaron buena parte de sus exitosas carreras en la capital del Imperio.

A partir del siglo III d.n.e. se inició una etapa de profundas transformaciones, acompañadas de momentos de inestabilidad. Muchas ciudades, como Biliblis, desaparecieron y solo algunas, como Turiaso (Tarazona), Osca (Huesca) o la propia Caesar Augusta, consiguieron mantener su importancia al convertirse en sedes episcopales. El debilitamiento de la autoridad imperial se acentuó en el siglo V d.n.e. con el asentamiento en la península ibérica de distintos pueblos de origen germánico, entre ellos los Visigodos, que terminaron por establecer un reino que, a finales de la centuria, controlaba buena parte de Hispania y Galia.