Historia Contemporánea

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La Historia contemporánea de Aragón se inicia en las postrimerías del siglo XVIII cuando se funden los ecos de la Ilustración, representada por el conde de Aranda, y la Revolución Francesa, cuyos efectos llegaron hasta estas tierras durante la Guerra de la Convención (1793-1795). Década y media después serán las tropas de Napoleón, también cargadas de planes revolucionarios, las que alcanzarán las puertas de Zaragoza. La convicción de los zaragozanos en la defensa y el liderazgo de un caudillo inspirado como el general Palafox sentaron las bases de un hito histórico aragonés como fueron los Sitios de Zaragoza (1808-1809). Después vinieron años de ocupación francesa de la mano del mariscal Suchet hasta el abandono definitivo de las tropas imperiales en el verano de 1813.

Los tiempos de la Constitución de Cádiz duraron poco pues Fernando VII, el mismo monarca que fue recibido fervorosamente en Zaragoza sobre las ruinas de los sitios, protagonizó el golpe de Estado de 1814. Aragón fue pionera en la defensa de la Constitución en 1820 y su ejemplo tuvo peso en el este de la península para arrancar lo que sería el Trienio liberal (1820-1823). En aquellos años se experimentó el aprendizaje de la política y el propio general Riego participó en él como capitán general de Aragón.

En los años treinta, Aragón fue escenario de las tensiones entre liberalismo y carlismo. El valle, con Zaragoza en el centro, y la fidelidad de las otras capitales de las nuevas provincias, Teruel y Huesca, sostuvieron el régimen liberal en medio de la guerra civil. Sin embargo la rebelión carlista arraigó en el Bajo Aragón y el Maestrazgo, que se convertirían en uno de los principales baluartes españoles de la contrarrevolución. Sus ecos se dejarán notar durante casi medio siglo hasta el final de la segunda guerra carlista en 1876.

Entretanto se fue asentando una sociedad cuyos principios eran los de la clase burguesa que ocupaba el poder, caracterizada por sus actividades económicas ligadas al comercio, a la agricultura y a la incipiente industria, y también por sus formas de ocio y sus prácticas culturales de clase.

Con la Restauración borbónica (1876-1923) llegaron tiempos de consolidación del régimen liberal mientras se mantenía una importante línea de contestación republicana, especialmente en las ciudades. Entre los críticos destaca la enorme figura de Joaquín Costa y como hito cultural la celebración de la Exposición Hispano-Francesa de 1908 que venía a cerrar la memoria de los Sitios con un acontecimiento que era promesa de futuro industrial y comercial, así como reivindicación de la cultura regional como pieza decisiva de la construcción nacional española.

La dictadura de Primo de Rivera vendrá a quebrar la continuidad liberal que iba camino de cumplir un siglo, introduciendo fórmulas de gobierno autoritario que iban a tener una continuidad trágica en la década siguiente. El fracaso de la dictadura no solo agotó el modelo corporativo, sino a la monarquía misma que se hundió ante los electores en la primavera de 1931. La experiencia de la II República (1931-1936) asentó la vida de los aragoneses sobre bases nuevas, contando con la participación, el desarrollo de las libertades y proyectos de justicia social que hicieron de aquellos años una experiencia tan intensa como inédita en términos de modernidad política.

La sublevación militar de julio en 1936 acabó con las posibilidades de una sociedad democrática. Tres años de guerra civil hicieron de Aragón, situado en la línea del frente, de norte a sur como si de una cicatriz se tratara, un desgraciado protagonista. Como testimonio quedaron hitos como la Batalla de Teruel o la toma de Belchite. El final de la guerra trajo consigo el fin de la experiencia democrática y el establecimiento de una dictadura apoyada sobre la victoria de las fuerzas franquistas. Durante dos largas décadas se dejaron sentir de cerca las consecuencias de una guerra civil y de una economía autárquica que prolongo la miseria y restringió las libertades. Las dos últimas décadas de la dictadura franquista vieron cambiar el rostro de Aragón, no solo por efecto de las políticas desarrollistas que elevaron la renta del país, sino por la movilización de la sociedad en múltiples fórmulas de contestación, entre las que destacan el movimiento estudiantil o las fórmulas de cultura antifranquista, como los cantautores o el periódico Andalán.

Esta cultura antifranquista nutrió el repertorio de ideas políticas que inspiraron la Transición a la democracia en la que iba a ser la Comunidad Autónoma de Aragón. Será en 1982 cuando se constituya la Diputación General de Aragón, primer paso para el desarrollo de una administración autonómica que no ha dejado de consolidarse dando forma a una comunidad que iba abandonando su perfil agrario para asumir su condición de centro logístico en el tercio noreste de la península, al tiempo que seguía desarrollando su potencial industrial y de servicios. Buena parte de este perfil de competencia y modernidad se pondría de manifiesto en la celebración de las Exposición Internacional de 2008 que tuvo lugar en Zaragoza coincidiendo con el bicentenario de los Sitios.