Patrimonio paisajístico

Según el Convenio Europeo del Paisaje, adoptado por el Consejo de Europa en Florencia, 2000, el paisaje cultural se define como el "resultado de la interacción en el tiempo de las personas y el medio natural, cuya expresión es un territorio percibido y valorado por sus cualidades culturales, producto de un proceso y soporte de la identidad de una comunidad". En el epicentro de estos territorios antropizados se encuentran los Paisajes Urbanos. El Plan Nacional de Paisaje Cultural reconoce su especificidad como ámbito de estudio, considerados como poblaciones aisladas o bien como sistemas de asentamientos, así como su indisoluble relación con su entorno natural y paisajístico. La clasificación de estos “complejos urbano-rurales” atenderá a su carácter intrínseco, el papel que han desempeñado a nivel histórico o la relación específica con su contexto territorial próximo. El reconocimiento del valor patrimonial de determinados paisajes antropizados y las estructuras urbanas que los pueblan supone un avance importante en la consideración de estos como fuente de información sobre el origen y desarrollo de una determinada cultura en un contexto especifico. Los paisajes culturales están llamados a ser un factor clave en el desarrollo territorial contemporáneo, pero no sólo por su valor cultural y atractivo turístico sino también por su potencial como espacio para la innovación habitacional y la dinamización poblacional. La conservación y revitalización viable de estos paisajes culturales pasará más por su análisis operativo que por su catalogación conservacionista, más por una transformación coherente y proporcionada que por su musealización literal. Los Paisajes Culturales representan en definitiva un ámbito idóneo para la investigación, la experimentación y la innovación paisajística, cultural, urbanística, constructiva o habitacional adaptada a un contexto equilibrado, de gran valor patrimonial y en estrecha relación con la naturaleza.